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Editorial

Ernesto Ottone Ramírez

*Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes

Nuestra institución adquiere cada año compromisos que van más allá de asegurar el acceso equitativo de todos los ciudadanos a la cultura. El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes debe, además, velar por la implementación y ejecución de planes y programas y trazar objetivos más profundos, globales y de largo plazo, como plasmar una visión sobre el país que queremos, tomando en cuenta el rol que deseamos que juegue la cultura en esa construcción.

Pensar desde esa lógica no implica necesariamente que sea el camino más fácil. Por el contrario, significa abordar diversos desafíos. El primero de ellos es el día a día, que con su contingencia y su ritmo propio, nos impide tomar la distancia necesaria para dedicarle tiempo a la reflexión en relación al objetivo final.

Frente a la inminencia de nuestra nueva institucionalidad, este asunto se vuelve prioritario, porque las definiciones políticas y conceptuales que se han hecho durante la modificación del proyecto de ley, serán los principios vectores que influirán concretamente en los cambios que traerá al desarrollo de nuestro país el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

Es por eso que este año, la Convención Nacional realizada en Valparaíso, “Chile Piensa la Cultura”, tuvo una significación especial. Fue por un lado un espacio propicio para despegar la mirada de la gestión y generar un diálogo acerca del sentido más amplio de nuestra labor, y por otro, una valiosa oportunidad para realizar otro ejercicio democrático en este proceso, para escuchar y considerar a la diversidad y pluralidad cultural que debemos poseer como institución.

Por primera vez, el proceso consideró este año su desarrollo en todo el país, implementando las primeras convenciones regionales, que contaron con independencia metodológica y temática. Esta medida nos permitió llegar a la Convención Nacional con una batería de información necesaria para enfrentar las diferentes temáticas y tratarlas con mayor pertinencia a la realidad y las necesidades de cada territorio.

Queremos convertirnos en un organismo posibilitador, que no actúe de manera impositiva, sino como un facilitador o, como decía poéticamente Agustín Squella durante la convención: “Queremos ser el rocío que haga florecer la cultura, las artes y los patrimonios en nuestro territorio, y no, en cambio, el aguacero, que con su determinación ahogue las expresiones culturales de nuestras comunidades”. Para eso necesitamos de espacios inclusivos de la ciudadanía y de la multiplicidad de voces que componen el tejido institucional de la cultura en Chile.

Quizás hubiera sido más fácil imponer nuestras propias nociones sobre cultura, arte y patrimonio. Es posible, sin duda. Pero la revolución social, que desde el año 2006 ha cambiado Chile, ha puesto en evidencia que como sociedad nos encontramos en un momento donde la ciudadanía demanda la recuperación de ciertos derechos postergados, entre los cuales se cuenta la participación en la toma de decisiones.

Las convenciones de cultura son espacios que fomentan el diálogo a través del encuentro y la reflexión colectiva y, en ese sentido, son imprescindibles para la articulación de políticas culturales inclusivas. Solo a través de esa manera de hacer las cosas, abierta y participativamente, es que podremos transitar hacia un ministerio que sepa hacer lo mismo cuando la ciudadanía se exprese.

En nuestro escenario actual, requerimos más que nunca de definiciones claras y objetivas sobre qué es cultura, pero también que estas definiciones provengan de procesos donde las distintas organizaciones de la sociedad civil aporten en la construcción de estos lineamientos.

De esta forma, nuestras políticas en cultura contarán con definiciones y construcciones representativas y con cierto grado de periodicidad y flexibilidad, para que así no nos transformemos en un ministerio rigidizado por su propia narrativa y burocracia, sino en una institución dinámica, a la altura de las necesidades de nuestros creadores.

Somos servidores públicos en un momento histórico único. De nosotros depende que este país se mueva hacia una institucionalidad pluralista y participativa. Depende de todos crear ese cambio que no veremos hoy, pero que a mediano plazo, estoy seguro que marcará una diferencia y generará los cambios estructurales que la realidad de nuestro país demanda.