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Nuevas prácticas de la juventud chilena. Danzas k-pop: los próximos pasos

Por Kyoung H. Park

Este artículo es un testimonio del proyecto que realicé sobre las comunidades K-Pop en Chile, las cuales investigué durante el proceso de creación de K-onda Hamlet, un proyecto de teatro comunitario que dirigí en colaboración con el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) y con el apoyo de Theatre Communications Group (TCG).1

Yo soy la oveja negra por bailar K-pop en mi familia.
No entienden por qué lo hago,
por qué no cobro plata.
En mi colegio tengo amigos que no me entienden y me achaco
porque me gustaría que me apoyen,
pero no es así.2

La primera vez que me enteré de las tribus urbanas, fue a través de un artículo publicado en el New York Times (Barrionuevo, 2008) que describía el fenómeno en Chile, con un especial enfoque en la formación de uno de sus grupos, aquel conocido como los pokemones.

Explicaba sus conductas como una manifestación de rebeldía sexual, y destacaban sus vestimentas, de moda “emo”, y el uso de redes sociales como elementos que ayudaron a una generación de adolescentes a expresarse como hijos de la democracia, y no de la dictadura.

Como dramaturgo coreano-chileno, radicado en Nueva York, este fenómeno me ayudó a entender lo que estaba pasando en la juventud de clases populares, en las que algunas prácticas artísticas –audiovisuales y musicales– se estaban incorporando a través de los medios de comunicación, y a sus diferentes espacios públicos.

En un principio, supuse que el fenómeno K-Pop3 era una más de estas tribus urbanas. Sin embargo, durante la residencia que realicé para el proyecto K-Onda Hamlet en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), pude verificar que la cultura coreana había encontrado, a través de su música popular, un vínculo fuerte con la juventud chilena. Siendo un inmigrante coreano nacido en Chile, este fenómeno me causó mucha curiosidad.

En Corea del Sur, el K-Pop, las telenovelas y el cine coreano son considerados parte de un plan de difusión cultural que representa una importante herramienta de expansión económica para el país4, conocido como el hallyu, u Ola Coreana (Korean Wave).5 El hallyu ha sido un fenómeno que el Ministerio de Cultura coreana ha apoyado de forma activa desde 1997, comprendiendo su potencial como industria y masificando desde esos lenguajes, su cultura.

De esta forma, a través de la promoción de las industrias culturales, el gobierno de Corea del Sur genera estrategias de difusión del hallyu que implementa por medio de las embajadas de los países con los cuales mantiene relaciones diplomáticas y económicas, como en el caso de Chile con el Tratado de Libre Comercio firmado en 2003.
Este plan ha generado gran interés en las prácticas de la cultura coreana, y fomentado expansivamente el turismo a Corea del Sur.6

El impacto que tiene el hallyu, especialmente en Asia, también se puede entender desde otros factores que no son simplemente estéticos. El mercado del pop coreano ha logrado ampliar el conocimiento sobre la sociedad, y los valores morales de su cultura, sobre todo a través de las series de televisión –de producción completamente local– que muestran aquellas cosas propias del país que tanto atraen a millones de jóvenes.7

Me llama mucho la atención la cultura coreana,
la sociedad,
que se traten con respeto,
porque en Chile deberían de ver más a los países así.
Los jóvenes le pierden
el respeto a los adultos y
nos deberíamos fijar más en eso,
porque hay cosas que podemos rescatar de la cultura coreana.
Que se hablen tan formalmente me llama la atención.

Corea del Sur es una sociedad moderna, pero está basada en una historia de cientos de años, en la cual el confucionismo y los va lores patriarcales se diferencian de la moralidad contemporánea Occidental, o globalizada, donde la libertad y expresión individual es mucho más valorada. Esta diferencia explica las razones de éxito del pop coreano en Asia. La proximidad cultural y la similitud en valores sociales identifican a los países asiáticos que consumen, con gran interés, los dramas, películas, y música coreana.

Cuando viví en Corea del Sur entre los años 2005 y 2009, el hallyu fue un tema controversial. Existía una fuerte crítica hacia las formas de expresión y representación de la cultura estadounidense en la música pop, por su alto grado de violencia y contenido sexual.

Además, se podía apreciar un anti-americanismo, al momento de plantear la industria cultural, con estrategias que enfatizaban en diferenciarse en la forma de promover, por ejemplo, las formas de expresar los valores familiares, el respeto a los mayores, y la valorización del amor como un deseo menos sexual y más asociado a la preservación de tradiciones en la sociedad coreana.

En mi investigación, y en las entrevistas que realicé a dos grupos de K-Pop que bailaban en GAM, un número representativo de los participantes comentaron su interés en la cultura coreana, sobre todo por sus valores morales, los que apreciaban como una manera de fomentar conductas más positivas en sus propias vidas y experiencias como jóvenes chilenos.

Esta comprensión sobre la cultura coreana surge por la relación que existe con otros lenguajes, además de la música K-Pop, como las historias que difunden sus videos musicales, en los cuales, a través de perspectivas masculinas y femeninas de sus cantantes y bandas, entregan valores más comunitarios. Corea del Sur se caracteriza por tener una cultura homogénea que motiva a sus artistas a expresarse a través de una socialización colectiva, que celebra al grupo por sobre el individuo.


El grupo K-pop en Chile

Yo disfruto más el momento,
la adrenalina, la tocata,
te aleja un poco de la crítica, el escuchar los gritos.
Darte cuenta de que cuando estas cantando
en ese momento, disfruto ser yo.
Porque estando ahí arriba
no ves al público,
y gritan igual, y
no gritan a una persona solo porque baile,
sino que finalmente
por engrandecer al grupo.

Los grupos K-Pop se forman de manera autónoma y muchos de sus participantes pertenecen también a otros grupos. Los jóvenes que bailan lo hacen para expresar su interés en participar de instancias colectivas, entre conocidos. Se organizan por las redes sociales y ensayan en espacios públicos como el Parque San Borja, o el GAM, y, a través de un proceso orgánico, se identifican los líderes de cada grupo, para organizar los ensayos y sus presentaciones en el “mundillo” K-Pop chileno.

Asimismo, existen procesos democráticos donde los participantes votan por las canciones que van a interpretar, y los grupos ajustan su composición y sus decisiones artísticas a las necesidades y capacidades del grupo, para asegurar que puedan crear un nuevo baile.

Para interpretar a las bandas de K-Pop coreano, los grupos K-Pop se identifican con una persona en particular, un “chino”, al cual imitarán considerando sus diferentes personalidades y características. En este proceso de identificación con el personaje, no sólo consideran el vestuario y las diferentes sensibilidades al cantar y bailar, sino que también estudian entrevistas, fotografías, y sus apariencias televisadas, las cuales exhiben, con mayor detalle, en sus representaciones.

La existencia del grupo los invita a crear una identidad colectiva, que se aprecia en su formación y se desarrolla a través de los ensayos, y las formas de interpretación y promoción de sus prácticas, lo que requiere no sólo un entendimiento de quiénes son los integrantes de una banda, sino que también de cómo se diferencian entre todas las otras.

Ya que la mayoría de estos grupos tienen un alto interés en la cultura coreana, no sólo ensayan sus bailes, sino que también investigan sobre sus tradiciones, para participar en torneos populares de K-Pop en Santiago y en regiones, donde los grupos compiten para obtener premios –a veces monetarios– que los ayudan a cubrir los costos de vestuario y otros gastos asociados a las competencias.

Los torneos más grandes son organizados por la Embajada de Corea del Sur en Chile8, y los jóvenes compiten por la oportunidad de viajar a Corea a aprender danzas K-Pop y conocer a los grupos que ellos siguen a través de Internet.

A mí nadie me mostró el K-Pop,
lo vi sola y me gusto.
Me llamó la atención y
estuve a punto de volverme coreana y
quería viajar a Corea del Sur y vivir allá.
Estuve a punto de meterme a un curso coreano,
quería comer lo que comían,
gastaba toda mi plata en idols,
las novelas, los dramas.
Todo mi tiempo era lo coreano
porque los amaba tanto,
estaba como loca,
creo que hasta el día estoy así,
pero no tanto.

Es interesante destacar que durante el proceso creativo de los jóvenes, existe una intencionalidad en la representación de género: la mayoría de los grupos masculinos en Chile interpretan a grupos femeninos de Corea, y los grupos femeninos en Chile, a masculinos de Corea. Este tipo de exploración fue mucho más popular durante el comienzo del K-Pop y los medios de comunicación asociaban y estigmatizaban de homosexuales a todos estos jóvenes, aunque el interés por la danza fuera más importante para ellos. Se creó un ambiente cargado de prejuicios homofóbicos hacia los bailarines, sobre todo cuando se trataba de hombres, manifestándose como un estigma social al interior de las escuelas, las familias y la gente que no comprendía el fenómeno. La homofobia fue un punto crítico que discutimos profundamente en el proceso de creación de K-onda Hamlet.

En los espacios públicos que los grupos usan para ensayar sus bailes, se da una situación distinta, una especie de cultura pública libre de discriminación y prejuicios sociales. Aseguran que la gente no critica, ni se burla, y este tipo de contrato social, facilita que los
grupos puedan enfocarse en sus objetivos principales, como el ensayo, la práctica, la formación y la organización.

Discriminación y violencia contra las tribus urbanas

K-onda Hamlet fue un proyecto que invitó, a través de una convocatoria abierta, a los diferentes grupos y jóvenes que bailaban K-Pop, frente a los espejos del GAM, a trabajar en conjunto, para crear una performance integrada a un proceso creativo teatral. De formación dramaturgo, y en la práctica director de mi propia compañía9, mi interés fue crear un proyecto que investigara las razones del K-Pop en Chile, y mediante entrevistas, incluir la perspectiva de los participantes, contextualizando sus historias en el momento actual.

El contexto sociocultural lo fui descubriendo a través de mi propio proceso de investigación. No obstante, la primera investigación que encontré sobre el fenómeno y estas comunidades, que inesperadamente habían ocupado los espacios del GAM, lo explicaba de la siguiente forma:

Hay múltiples razones por las cuales los bailarines asisten a GAM. Están por un lado los motivos prácticos, como que se trata
de un lugar de fácil acceso geográfico donde pueden ocuparse los vidrios como espejos y existe un espacio amplio para que los
jóvenes practiquen sus coreografías. Junto con esto, el centro les permite ocupar los baños y los enchufes para conectar sus
computadores o equipos, pero uno de los principales motivos tiene que ver con la presencia de guardias y de un ambiente
seguro que les brinda juntarse en un centro cultural. Históricamente estos grupos o tribus solían juntarse a practicar sus
bailes en el parque San Borja o en el edificio de la Mutual de Seguridad que se encuentra al otro lado de la Alameda, pero
luego del caso de la muerte de Daniel Zamudio estos jóvenes fueron migrando hasta de a poco asentarse en los espacios de
GAM (Macchi & Pablo, 2014).

A través de los noticieros pude encontrar más detalles sobre la historia de Daniel Zamudio, un joven chileno cuyo asesinato impulsó un movimiento social contra la violencia a las minorías, con el apoyo de organizaciones que defienden la diversidad sexual como Movimiento de integración y liberación homosexual (Movilh), el cual logró que el año 2012 se promulgara una ley contra la discriminación conocida como Ley Zamudio.10
La violencia ejercida por grupos neonazis contra las tribus urbanas chilenas tuvo mayor resonancia a partir de los ataques a pokemones en 2008.11 La asociación a una supuesta condición homosexual de sus integrantes incitó actos de agresión reiterados contra los adolescentes. Los ataques, que se realizaban en espacios públicos, se coordinaban por Internet con llamados explícitos a la violencia. En respuesta a esta situación, entre 2008 y 2012, se iniciaron campañas contra la discriminación en todas sus formas. El caso de Daniel Zamudio, se trató de un acto discriminatorio de violencia, contra un joven homosexual, que también bailaba K-Pop.

Yo tengo un amigo que
era amigo del Daniel Zamudio y
me contó la realidad de él.
El era gay, amanerado como loca,
él corrió el riesgo porque
exponía a todos su sexualidad.
El Zamudio bailaba K-Pop,
era del mundillo,
pero él tenía miedo porque
los nazis lo estaban siguiendo.
Lo mataron en Borja.
Quedé en shock,
lo atacaron en un parque en
donde nosotros íbamos a bailar,
sentí miedo.
Uno se puede identificar con esa historia y da pena.
El problema es de la sociedad,
va más alla de lo que él era.

K-onda Hamlet
Una vez que identificamos el contexto sociopolítico del proyecto, realizamos dos tipos de exploraciones en K-onda Hamlet. La primera, una exploración artística de la obra Máquina Hamlet de Heiner Müller, la cual sirvió como referente teatral, para anclarlo a nuestro proceso creativo. Esta experiencia reveló el nivel de interpretación de los participantes, ya que se trataba de un grupo heterogéneo en edades y experiencia artística.

Ya que el teatro no fue nuestro lenguaje común, el texto de Máquina Hamlet fue re-creado a través de canciones y videos musicales K-Pop que se aproximaban a la narrativa o a las emociones que los participantes sentían al leer la obra. Esta apertura nos aportó una visión más amplia de la música K-Pop, incluyendo bandas masculinas y femeninas que, a través de la dramaturgia post-moderna y la danza popular como referentes, articularon una serie de eventos y momentos performativos que unimos al texto de Máquina Hamlet,
para recrear la versión de Hamlet que ellos imaginaron en el ensayo. Un segundo eje de este proyecto, diseñado para que se abordara paulatinamente, fue la historia de los grupos participantes. El primero en formar este proyecto fue Silver Dragons, un grupo de doce bailarines hombres que recientemente había ganado su primer premio en un torneo de danza.12 Se destacaban por ser el único grupo masculino y por su alto número de integrantes. Además, invitamos a participar a una banda femenina llamada OverGirls, integrada por siete bailarinas.13

Al explicar el proyecto a los grupos, intenté transmitir la idea de que, hasta ese momento, ellos habían tenido una experiencia con el ensayo del baile mayoritariamente relacionada a propósitos competitivos y objetivos concretos, pero que, ahora, nuestro proyecto y
proceso creativo requería cambiar ese enfoque hacia uno centrado en la creación, la investigación, y la exploración artística.

Durante los ensayos, entrevisté e incorporé las opiniones y perspectivas de los participantes del proyecto K-onda Hamlet sobre los medios de comunicación y particularmente la forma en que los noticieros, de manera prejuiciosa, hablan de ellos.

No sé por qué cresta la tele hace eso, miran el lado malo y dicen que tu hija o hijo
va a ser lesbiana o gay.
Creo que la gente se siente liberada al bailar,
pero la televisión no toma eso en cuenta.
Prefieren mostrar que un niño se está drogando
a los 9 años,
no les interesa el baile,
sino la vida de drogadictos.

También reconocimos el compromiso que significa para estos jóvenes ensayar sistemáticamente, a su corta edad, en espacios públicos, sin apoyos artísticos o económicos. Que a pesar de la vulnerabilidad social, y la marginalización cultural que les afecta, lograban crear sus propias interpretaciones de danza, de forma autónoma y auto-gestionada.

A través de diferentes ejercicios de improvisación, discutimos las dificultades que los grupos de jóvenes enfrentaban por bailar K-Pop. El mayor problema que pudimos detectar fue la falta de comprensión y empatía que existe en la sociedad respecto a la participación
en grupos con inquietudes artísticas comunes, lo que se traduce, para ellos, en burlas sistemáticas, sobre todo entre los compañeros de colegio y sus padres. Las burlas detectadas eran de carácter homofóbico y racista, las cuales afectaban sus conductas, aislándolos de sus entornos y negando frente a sus compañeros las prácticas
de bailes K-Pop.

El acoso sufrido por estos grupos también tiene eco en otros medios, como Internet, donde críticas y burlas hacia las comunidades se realizan constantemente, muchas veces en forma anónima, enredes como Facebook.

Entendí que este conflicto era conocido como cyber-bullying, así que durante la creación del proyecto, organizamos a los participantes y la dirección de programación de GAM a través de un grupo de Facebook cerrado. No quisimos exponernos en las redes sociales y
entendimos la importancia de observar, mantener la privacidad y seguridad en las plataformas online.

La gente te ataca virtualmente,
yo prefiero que me digan las cosas en la cara
y que la persona tenga la valentía de decirlo en cara,
y que no me digan por Facebook cosas malas.
En todos los eventos que sean de verdad o ficticios
siempre están en Facebook.
Siento que es una red de control más.
El Facebook hace que uno se deje controlar mucho
y buscar la aceptación de otros.

La privacidad y la seguridad online se convirtió en una prioridad cuando identifiqué en mi proceso de investigación, que la mayoría de los grupos K-Pop en Corea del Sur comparten sus coreografías a través de videos en Youtube14, y que cualquier persona puede encontrar videos de bailarines coreanos, que comparten sus coreografías en salas de ensayo para sus fans.

Ver este tipo de videos es muy común entre los jóvenes, y sirve como fuente de inspiración para los seguidores de K-Pop en Chile, por eso decidí que K-onda Hamlet se iba a desarrollar de manera teatral, pero que la presentación en público sería registrada y convertida en video, para difundirlo a través del canal Youtube de GAM, y así crear diferentes medios de circulación del proyecto y la comunidad K-Pop. Asimismo, quise crear un proyecto filmado en un estudio de danza, como los que se ven online. Los bailarines serían ellos mismos, o miembros de sus comunidades relatando sus propias historias, con una imitación y personificación de las estrellas K-Pop, que fuera recibida por el público, con propuestas estéticas propias de ellos como artistas chilenos, y que su identificación como tal, fuese validada y reconocida a través de K-Onda Hamlet.

Los próximos pasos

Los medios llegan y no hablan del lado artístico.
Por ejemplo, nosotros sacamos las bailes solos y
juntamos la plata para la locomoción,
para nuestros trajes,
para las inscripciones, y
hay que pagar por todo,
así que nos cuesta juntar plata.
Durante este proceso descubrí que los jóvenes participantes del proyecto K-Onda Hamlet tenían un interés general en las artes, y en particular en la práctica de la danza, pero que en sus escuelas no tenían la posibilidad de aprenderla. Algunos habían tenido experiencias
de acercamiento al teatro, actuando alguna vez en forma ocasional, lo que estaba lejos de ser una oportunidad de desarrollar sus prácticas.

Lo que no he mencionado aún, son las barreras que esta comunidad enfrenta por las diferencias sociales existentes en el mundo de las artes. El arte popular, al cual pertenecen los grupos K-Pop, es poco valorizado en el ámbito cultural chileno, y aunque estos adolescentes tengan un interés real por la práctica artística, eso no se traduce en una oportunidad para bailar o actuar a nivel profesional. Es más, considerando la gran inversión pública que se hace en difusión del arte popular coreano en el extranjero, es posible criticar la existencia de estos grupos como consumidores pasivos, y no como creadores. Aunque la realidad sea que la mayoría de estos jóvenes pertenecen a una clase de la sociedad discriminada y atacada por grupos homofóbicos en el espacio público, han logrado crear un ambiente alternativo, de valores diferentes, en el que se aprecian la diversidad y la expresión artística.

La dicotomía entre las artes de la élite y el arte popular se manifiesta de manera aún más clara en los espacios públicos del GAM. Los bailes son una forma de relacionarse con un espacio que representa una cultura a la cual no acceden, por falta de oportunidades y herramientas para relacionarse con lo local, lo que motiva a estos jóvenes a buscar otros medios de expresión cultural dónde es más fácil ser un “otro”.

En GAM and its Symbolic Density, Fabián Escalona (2016) explora las diferentes maneras en que el espacio público de GAM ha cambiado a través de su historia, y observa cómo K-onda Hamlet ofrece una reflexión sobre las identidades y relaciones sociales contemporáneas que existen hoy en el centro cultural.

A un par de cuadras, cruzando la Alameda, uno también puede observar la relación que GAM ha mantenido con los espacios públicos que lo rodean, por ejemplo con el Parque San Borja, lugar que representa un emblema de la crisis en la juventud chilena, con el asesinato del joven Daniel Zamudio. Tragedia que evidenció la violencia de grupos de tendencias fascistas contra una víctima representante de una minoría con inquietudes creativas.

Con la intención de comprender las diferentes motivaciones y problemáticas de estos grupos, me pregunto cómo en el futuro los conflictos sociales afectarán los espacios públicos en Chile, y cómo las artes y la política pública pueden proteger y cultivar la libre expresión artística de esta nueva generación de artistas. Ya sea a través de sus instituciones culturales, la educación en las artes o la autogestión de los creadores; involucrando a las nuevas tecnologías y los medios de comunicación, para promover una democracia más amplia, y más diversa, para la juventud chilena.

Un bailarín profesional nos dijo que ya somos dancers.
Nos dijo:
han subido a un escenario,
llevan la ropa, el maquillaje,
eso no lo haría una persona normal.
Nos dio el consejo de jugar con la música, y
crear nuestras propias coreografías
porque si nosotros podemos,
todos pueden.

1 Organización sin fines de lucro en Nueva York, la cual apoyó mi residencia artística en el GAM durante diciembre del 2015 a enero del 2016.

2 Todas estas citas provienen de testimonios de los jóvenes participantes del Proyecto K-Onda Hamlet.

3 K-Pop es el término utilizado para referirse a la música coreana de gran popularidad. Esta tendencia surgió a raíz de la crisis asiática de 1997, que golpeó fuerte a Corea del Sur. La industria cultural se vio afectada, teniendo que producir a menor costo; no obstante esta situación, lograron crear un fenómeno de la música comercial. En la década de 2000, su penetración en el mercado discográfico japonés fue de tal envergadura, que tuvo un alto impacto en las conductas estéticas y de consumo de la juventud japonesa, lo que actualmente se está replicando en gran parte de los adolescentes asiáticos y de otras partes del mundo.

4 Según el portal korea.net –que difunde información sobre el país y le da voz al gobierno por internet– la Korea Creative Content Agency, agencia estatal creada exclusivamente para apoyar la expansión de las industrias culturales surcoreanas, en 2009 la industria cultural tuvo exportaciones de 1.500 millones de dólares.

5 Término utilizado para referirse al aumento de la popularidad a nivel global de la industria cultural coreana. Surgió en China luego de que ambos países celebraran relaciones diplomáticas, y que las producciones coreanas ganaran gran popularidad entre su comunidad.

6 De 2003 a 2004, el número de extranjeros en Corea del Sur aumentó de 2,8 millones a 3,7 millones, y las autoridades del país lo atribuyen a la explosión global de su cultura pop.

7 La Ola coreana o hallyu tuvo un inicio con el éxito de sus dramas televisivos, posteriormente con producciones cinematográficas y musicales, así como también con la masificación de su comida, el taekwondo y su idioma.

8 Desde el año 2011 el gobierno coreano, a través de sus embajadas, organiza el Festival Internacional de K-Pop, en el cual participan miles jóvenes de todo el mundo.

9 Kyoung’s Pacific Beat, una compañía creadora de una cultura por la paz.

10 Para mayor información, ver: “Ley Zamudio es aprobada por amplias mayorías en Cámara de Diputados y el Senado.” https://www.movilh.cl/historico-ley-zamudio-es-aprobada-por-amplias-mayorias-en-camara- de-diputados-y-el-senado/

11 Para mayor información, ver: “Campaña busca evitar odio contra pokemones.”
http://papeldigital.bligoo.com/content/view/126154/Campana-busca-evitar-odio-contra-pokemones.html#.V4UAiK7PbnY

12 Con la interpretación de la canción “Overdose” de la banda coreana Exo.

13 Realizaron un cover de la canción “Get Out” de la banda coreana AOA.
14 Se los conoce como “Dance Training”. YouTube se ha convertido en el principal vehículo de difusión del hallyu. El video más visto en la historia de Internet, con más de mil millones de visitas, es la canción “Gangnam Style” del cantante de pop coreano, PSY.

Referencias bibliográficas

Barrionuevo, A. (2008). In Tangle of Young Lips, a Sex Rebellion in Chile. The
New York Times [en línea]. 12 de septiembre de 2008. [Fecha de consulta: 3
de julio de 2016]. Disponible en: <http://www.nytimes.com/2008/09/13/ world/americas/13chile.html>.

Macchi, F. y Pablo, A. (2014). A-Pop: Una aproximación hacia la comunidad
de música popular asiática que convive en los espacios de GAM (Taller de
titulación). Disponible en: <http://gam.cl/media/upload/reporte/comunidad- a-pop-una-aproximacic3b3n-hacia-la-comunidad-de-mc3basica-popul_ rGcpHGZ.pdf>.

Escalona, F. (2016). GAM and Its Symbolic Density. Nueva York: City University
of New York,(CUNY), PhD program in Theater (sin publicar).

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