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Reseña del libro Historia Social de la Música Popular en Chile, 1950-1970

Patricio Cuevas

*Periodista, académico de la Universidad Diego Portales. Magíster en Opinión Pública Icso UDP y diplomado en Estudios de Cine PUC.
La música popular y los procesos de cambio social están profundamente entramados. Basta observar los ingredientes que identifican los autores de la Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970, al entrar a la segunda década, que analizan con minuciosa pasión. Consideran fundamental “el impulso surgido a partir del protagonismo alcanzado por los jóvenes […] que ahora no sólo eran los nuevos consumidores de discos, sino que los nuevos músicos, artistas, estudiantes universitarios e intelectuales”.

Es un tiempo floreciente y el momento clave en el que los jóvenes se diferencian de los adultos. Es un tiempo también a la mano, fresco en la memoria para el lector y resulta fascinante hacer nomenclatura de ese recuerdo, esa nostalgia y esa emoción en torno al repertorio mayor de la música popular, poniéndola a prueba con la colección personal de canciones favoritas. Dificultad y ventaja para los investigadores y recopiladores de este macizo texto de historia, pues finalmente es el rigor y los hechos irrefutables los que se imponen en un libro fascinante, de un período fértil y diverso de la cultura popular chilena. Una enorme mansión repleta de puertas temáticas a la que se puede entrar por cualquiera de ellas.

Leerlo de punta a cabo parece más atrevido, pero se trata de una investigación donde sobresale la pasión por el mejor repertorio popular, el más diverso, el más influenciado e influyente. Dicha pasión es también lucidez y la definición metodológica es acertada: aportes de varias disciplinas, junto a la observación de fuentes directas (más de 80 entrevistas, por ejemplo), fotografías, fonogramas, letras de canciones, elementos de lenguaje musical, prensa magazinesca, diseño, publicidad, películas y programas de televisión.

González, Ohlsen y Rolles, autodefinidos como “académicos fanáticos”, superan fácilmente la confusión de los recuerdos y estacionan con precisión una prosa justa, con infinidad de detalles, todos ellos justamente respaldados. Al leer, entonces, sonarán algunas canciones en la cabeza, como una especie de documental imaginario que desentierra viejos discos que están en múltiples rincones de la memoria del lector, por herencia o por recuerdo.

Y si bien no propone más teoría que el conjunto de las variables de la historia y el despliegue detallado de los hechos, no hay acá un tratado ni tampoco un simple seguimiento cronológico. Más bien, se trata de variables dinámicas claras, nítidos elementos activos que ponen en marcha la relación que la simple inspiración mueve en torno a la composición musical popular. Los grandes hitos, dirán los autores, se apropian de ellas y comienzan a caracterizar el repertorio identitario de cambios que se vislumbran desde los años 50 del siglo pasado.

La línea de tiempo hace todo comprensible, pero identificar ámbitos le da volumen y novedad a una historia que acostumbramos revisitar a pedazos. Se discute, en el inicio, por ejemplo, cómo cambian los lugares de diversión de los chilenos, desde el salón al living, con la masificación de las radios y los discos de vinilo. Se da a conocer, luego, la trastienda de la industria musical y su maduración, recorte que resulta didáctico, pues poco conocemos del aparataje, al principio amateur, de la gestión cultural de un fenómeno cada vez más masivo, en donde ocurren cosas por primera vez.

El más notorio de estos momentos debe ser el que Juan Pablo González, Óscar Ohlsen y Claudio Rolle llamarán folklor de masas, que básicamente tiene que ver con la renovación de la música tradicional (a cargo de Margot Loyola, Cuncumén, Millaray y otros), en conjunto con la aparición de ballets y conjuntos de música andina. Este es el núcleo de la modernización del folklor chileno, con dos potentísimos movimientos posteriores: el neofolklor y la Nueva Canción Chilena.

Cada uno de nosotros sabrá distinguir qué canciones le interpelarán más de cada período, pero el aporte más significativo resulta ser identificar cómo este proceso de cambio social y cultural va de la mano de la mujer. La creación, recopilación y difusión de la música popular chilena es el soporte de su identidad en esos años: Clara Solovera, Ester Soré, Silvia Infantas, Silvia Urbina y después Violeta Parra. Pero, además, caracteriza a la canción chilena, transversalmente, como una voz que nunca más —a su pesar— ostentará, y que permite, a su vez, el vuelo y revuelo posterior de apellidos como Parra, Manns, Jara, Alarcón, Salinas, Carrasco, Ortega, Urquidi y decenas más.

Su volumen, peso y extensión pueden amedrentar a lectores aficionados u ocasionales. Pero no nos confundamos: Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970 es un texto tan denso como repleto de cariño. Muestra, sin distingos, los colores del período más diverso del cantar chileno. Es abrir una página y entrar al pasado reciente con nitidez y color.

 

Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970
Autores: Juan Pablo González, Óscar Ohlsen, Claudio Rolle
Editorial, año: Ediciones UC, Santiago, 2009 (799 páginas).