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La epopeya de nuestros vecinos: El arado de cinco dedos

Por Leonardo Sanhueza

El arado de cinco dedos
Alfonso Alcalde
Editorial Das Kapital, 2015, 640 páginas.

La obra completa de Alfonso Alcalde representa un enorme drama creativo, en el que la accidentada ruta de sus libros se halla entrelazada  con un proyecto artístico de alcances demenciales y con la ya legendaria historia de su propia vida, esa enmarañada y vertiginosa sucesión de aventuras que, al mismo tiempo en que tocaba los lindes de lo verosímil, iba dibujando con tintes de comedia picaresca lo que en el  fondo era un destino trágico, que culminó en su suicidio en elotoño de 1992. Hombre de mil peripecias, que de adolescente llevó una vida aventurera y errante, yendo adonde el viento lo llevara y trabajando en lo que viniera (cuidador de plazas, nochero de hotel parejero,  carpintero de minería, pescador, obrero circense, contrabandista de caballos y de cadáveres, vendedor de ataúdes, periodista, guionista de  cine, biógrafo de Don Francisco, profesor universitario, etcétera), Alcalde forjó en carne propia los futuros territorios de su imaginario e  hizo de su obra –que abarcó desde la narrativa y la poesía hasta el teatro y las artes visuales– un espejo que refleja un mundo popular  abigarrado y caleidoscópico, cuya épica está focalizada en ciertos destellos de la precariedad, con héroes de la sobrevivencia cotidiana,  ambientes gobernados por la fragilidad material y una situación geográfica concreta: la zona de Arauco y en particular la llamada Galaxia  de Tomé.

El gran proyecto literario de Alcalde se llamó El panorama ante nosotros , obra que nunca pudo terminar tal como la había  planeado y que publicó de manera parcial en 1969, en un libro editado por Nascimento con ese título, aunque corresponde sólo a una parte   del primero e los cuatro tomos que contemplaba el plan del autor. Ese primer tomo se titulaba El arado de cinco dedos , nombre con  que Editorial Das Kapital ha publicado hace poco la versión más completa que hasta ahora, gracias a los hallazgos recientes de    manuscritos y al trabajo de investigación de Cristián Geisse, se podría establecer sobre la idea original de Alcalde.

El libro, de 640 páginas en su nueva  edición, es una pieza clave de la literatura chilena contemporánea. Alcalde lo concibió como un “cantar de gesta”, aunque es evidente que  pretendía darle un vuelco radical a su carácter de epopeya, dislocando la épica nerudiana delCanto general para remitirse más bien a un “canto particular” y construir a partir de eso la épica del pueblo mediante la gesta diaria del vecindario, de la aldea, del llamado “hombre  común”. Los dos primeros versos del primer poema del primer canto, en efecto, marcan el tono y muestran las cartas que Alcalde quiere  jugar: “Hoy pedí prestado / el sol a mis vecinos”. La Gran Historia de la zona penquista, y a través de ella la de todo el país, es encuadrada   por Alcalde desde el margen de la microhistoria, de modo que los grandes procesos sociales y nacionales no son protagonizados por líderes  políticos, empresariales o militares, sino por vecinos de Tomé, maestros chasquillas, viudas alegres, obreros, alcohólicos, amantes  clandestinos, lloronas de funerales, tontos pillos, difuntos o enterradores. La épica de Alcalde se resuelve así en las glorias de los que él   llama los “artesanos del rocío”: aquellos que vivieron y amaron y murieron en la pitilla de la existencia, para dar forma a un heroísmo de baja intensidad en medio del desgobierno  de las lluvias, la guerrilla tragicómica contra la carestía y el imperio tan sagrado como  inclemente del río Biobío.

A partir de esa vecindad afectiva, Alcalde configura un universo complejísimo, en el que las historias mínimas y locales –que van desde el chascarro del pícaro hasta el profundo retrato de los grandes arquetipos– van desplegando  una épica totalizante  del ser humano. El existencialismo, tan en boga en los años de su composición, es trasladado por Alcalde muy lejos del pequeño drama  burgués, para instalarlo de plano en el precario quehacer de los obreros del día a día. Uno de los poemas centrales del libro, “Hablemos del  maquinismo”, es un divertido aunque terrible alegato contra la economía del trabajo; aborda el tema de la trascendencia cristiana y la vida ultraterrena a partir del desgaste cotidiano, mostrando cómo el “alma”, si pudiera preservarse después de la muerte en algún paraíso  angelical, llegaría a ese lugar completamente averiada, apenas parada en las hilachas que le dejó su vida material, tanto así que el  poeta recomienda llevarse al más allá una aguja y mucho hilo, porque “(…) cuando se produzca el milagro / de la transfiguración / lo mejor es    empezar a coser, con desespero / para que nada de su cuerpo se caiga / para los lados y se vaya por ojo”, contrastando así la oscura frustración de una vida asediada por la incertidumbre con el irrisorio premio de una tierra prometida por la religión: “aunque zurcido y  parchado / andará muerto de la risa / rodeado de querubines / tocando la flauta / y el violín, dándose / con una piedra en el pecho. / ¡Qué   felicidad, vecino!”.

Esa estética del costureo, del maestro chasquilla, del gásfiter existencial, encuentra en la obra de Alcalde un punto de redención en los afectos humanos: la solidaridad, el humor social, la amistad, el amor más profundo y duradero puesto en el mismo rango que la pasión más efímera, todo aquello que hace del ser humano una bestia imprevisible, que lucha contra demonios desconocidos y se defiende con  pulsiones tiernas, infantiles, exentas de corrupción. El canto séptimo, “Variaciones sobre el tema del amor y de la muerte”, no  sólo es uno de los más grandes y bellos poemas de amor jamás escritos en lengua castellana, sino que también es una conmovedora  protesta contra el sinsentido de la existencia humana sometida a los poderes prójimo corrupto y una alabanza del heroísmo trágico de los enamorados, nacida en torno al desgarro de amarse en tiempos y espacios que condenan la experiencia humana más básica y esencial al  trajín del dinero y la subsistencia.

El arado de cinco dedos, versión ampliada de El panorama ante nosotros de 1969, es, en fin, una obra  maestra brotada del inestable equilibrio entre la desmesura y la carencia, entre la muerte y la vida, entre la fulgurante maravilla cotidiana y los amargos tragos de la historia.