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Cine/Documental: Tánana, El último viaje

Por Lídice Varas

Tánana
Chile, 2016
dirección: Alberto Serrano, Cristóbal Azócar
guion: Alberto Serrano
producción: Melisa Gañán, Francisca Marticorena,
Herman Monges, Cristóbal Azócar

Ya no quedan descendientes puros de la etnia yagán. Su lenguaje sólo suena en archivos, las familias han emigrado a las ciudades, en  definitiva, su forma de vida se ha extinguido. En algo más de doscientos años el hombre blanco hizo desaparecer la sabiduría de un pueblo navegante, hijo del mar, acostumbrado al frío, constructor de barcos, hábiles pescadores y buceadores. El daño está hecho, es irreparable y debiera instalarse como una vergüenza de Estado, como un episodio negro de la historia del cual extraer lecciones.

Esa es la importancia de un documental como Tánana, de Cristóbal Azócar y Alberto Serrano, quien además es el Director del Museo Antropológico Martin Gusinde, de Puerto Williams; recordar que, hasta hace no mucho, el archipiélago fueguino era territorio indígena y que navegar era la única forma de vida. La propuesta de los realizadores es interesante: volver a hacer un viaje en barco por aquellos lugares que Martín  González Calderón –hijo de la última yagana neta ya fallecida, Úrsula Calderón– hiciera desde que era niño.

Antes de empezar la travesía, antes de estar tánana –que en lengua yámana significa estar listo para zarpar– hay que construir el barco, buscar el mejor árbol, cortar la madera, curvar y hacer calzar los listones. Martín sabe, su padre le enseñó y ahora él aprovecha de enseñarle a otros la técnica. Así,  mientras vemos como el bote, el Pepe II , es construido y escuchamos a Martín recordar sus aventuras de niñez, caemos en la cuenta de que  este viaje es también una despedida.

Los paisajes son sobrecogedores, se puede sentir el frío y la inmensidad del mar. Con esa  sensación térmica a cuestas eldocumental va poniendo sobre la mesa la irremediable pérdida: con la inminente muerte de Cristina  Calderón, tía de Martín; con la partida de sus hijas y nietos para estudiar o trabajar, habremos perdido para siempre a los últimos guardadores de los secretos fueguinos. Duele ver, por ejemplo, el bote de Martín arrasado mar adentro por una embarcación mayor,  porque la ley impide que barcos como el Pepe II crucen los fiordos; duele ver a Cristina, recordar con dificultad las palabras que usaba con  fluidez en su niñez, a ellos mismos les duele ver como las pinturas rupestres se han ido borrando de las piedras o como los troncos que ayudaban a los barcos entrar a tierra se han hundido en la vegetación.

La cámara de Cristóbal Azócar y Alberto Serrano observa el paisaje y  deja que hable. También dejan a Martín hablar, recorrer y recordar; volvemos así a los lugares donde estuvo cuando apenas tenía 12 años y dormía en la nieve, sorprende su buena memoria y emociona imaginarlo a merced de la naturaleza.

Emparentado en temática con el documental La última huella (2001) en el que Paola Castillo retrataba la vida de Úrsula y Cristina Calderón, Tánana es un documental    profundamente comprometido con la urgencia del registro, Azócar y Serrano saben que salvo estos gestos de guardar en imagen y sonido no hay mucho que se pueda hacer para recuperar la historia. Tánana, como documental es simple en el trazo pero profundo en lo que  abarca. Esta es la historia de un viaje para ver por última vez. Construir un barco y subirse en él es un acto profundamente político, Martín González haciendo equilibrio en el mar picado es una imagen potente que nos dice que sin estos documentos audiovisuales nos quedaríamos sin nada que nos recuerde lo  que hemos perdido.

FE DE ERRORES

La revista Observatorio Cultural viene a reconocer y rectificar por este medio un error de fondo que aparece en el número 31 publicado recientemente (agosto, 2016). En la reseña audiovisual acerca del documental Tánana. El último viaje se afirma la inexistencia de personas descendientes del pueblo yagán, asunto que es totalmente falso y que lamentablemente no fue corroborado de manera adecuada antes de su publicación.

Queremos humildemente extender desde aquí nuestras más sinceras disculpas a todas las personas pertenecientes al pueblo yagán, así como al Depto. de Pueblos Originarios del CNCA por esta falta grave que no supimos identificar a tiempo. Nos comprometemos a mejorar el rigor del chequeo de información y nuestros procedimientos editoriales al respecto.

Constanza Symmes
Directora
Revista Observatorio Cultural

Ver nota: El pueblo yagán está vivo y su lengua vigente