Revista > OC 32 > Reseña Audiovisual

Rara: Gestas y gestos cotidianos

Lídice Varas

*Periodista y Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales. Diplomada en Periodismo Cultural y Crítica Cinematográfica de la Universidad de Chile. Se desempeña como crítica de cine y cultura en diversos medios de comunicación, entre ellos La Nación Domingo, Mabuse, Rompiendo el Silencio y, actualmente, Radio ADN. Autora del libro Citas de cine.

Rara
Chile, 2016
Dirección: Pepa San Martín
Guión: Pepa San Martín, Alicia Scherson

Puede que tras el estreno de Rara (Pepa San Martín, 2016) se diga que es una película valiente por abordar la intimidad de una relación lésbica y retratar a una familia en pleno conflicto. Sin embargo no creo que sea el mejor adjetivo, para ser valiente hay que tener miedo y Rara no tiene miedo, es por el contrario profundamente libre, y en esa libertad radica su grandeza.

La ópera prima de Pepa San Martín no tiene el corsé de la denuncia legal, a pesar de inspirarse en el caso de la jueza Karen Atala, quien en 2004 perdió la tuición de sus hijos por su orientación sexual; Rara sucede antes del juicio y prefiere mirar la cotidianeidad de una familia cuya vida transcurre en vestirse
rápido, correr al colegio, poner la mesa, cantar en el auto, gritarse, pelear, tener sexo, lavarse el pelo y alimentar al gato.

Su libertad radica en elegir lo íntimo por sobre lo estridente, ser luminosa en sus dramas, hablar sin adornos y decir mucho más callando que gritando. El retrato que Rara dibuja es el de una familia compuesta por Sara (Julia Lübbert), una niña a punto de cumplir trece años; su hermana pequeña (Emilia Ossandón); Paula, su madre (Mariana Loyola); Lía, su pareja (Agustina Muñoz) y los conflictos habituales de cualquier adolescente, que nada tienen que ver con la homosexualidad de la madre, porque lo raro aquí no está puesto en la relación de Paula y Lía, sino en cómo ésta se transforma en signo de sospecha para los otros: un llamado del colegio porque la menor de las niñas ha dibujado a dos mujeres; la abuela (Coca Guazzini) recordándoles majaderamente que viven en un pueblo chico; el padre (Daniel
Muñoz) que cree que sus hijas estarían mucho mejor con él; el profesor que pregunta si todo está bien.
Pepa San Martín no construye heroínas o villanos a pesar de que los (pre)juicios en el ambiente tiñen los diálogos, los silencios y los gestos, haciendo al espectador partícipe de la fragilidad de esa vida a punto de romperse. Nos hacemos parte de todos sus dramas —grandes y pequeños—: si la adolescente sale de noche, si el gato recién adoptado se quedará en el hogar, en qué casa se celebrará la fiesta de cumpleaños, si el chico que le gusta a Sara la mirará o no.

Somos testigos de la intimidad filmada con un agudo sentido de observación por los detalles, respeto por los personajes y sus contradicciones. La libertad de Rara está en poner la cámara en los ojos de una niña en pleno tránsito a la adolescencia y hacer que sus emociones sean las del espectador. No hay engaño, golpes bajos, ni manipulación en Rara. El modo cómo hablan y se relacionan los niños, los adolescentes y las parejas es de una naturalidad pocas veces logradas en el cine nacional; en pantalla nada se ve forzado ni los arranques de rabia de la madre, las indecisiones adolescentes de Sara, las pataletas infantiles. Mérito de las actrices, del guión, pero sobre todo de una dirección que es consciente de que
esta no es una película sobre derechos LGTB sino sobre una familia puesta en peligro, construyendo un retrato sutil sobre crecer, perder, amar.

× Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio