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Agosto 2014

Locaciones, buscando a Rusty James: Recuperando la fe

Lídice Varas

 

En Tulsa, la ciudad de Oklahoma donde se rodó La ley de la calle (Rumble Fish), nadie la recuerda. A diferencia de Hollywood, donde cada esquina es una locación y todos los carteles te advierten que estás en la meca del cine; en Tulsa no hay placas, recordatorios o fanáticos que conmemoren el lugar que dio vida a la cinta de culto de Francis Ford Coppola. En realidad, poco importa, porque como dice Alberto Fuguet “Tulsa no está en Oklahoma, siempre estuvo y siempre estará en el cine arte Normandie”.

Locaciones, buscando a Rusty James es un ensayo cinéfilo y apasionado. Fuguet emprende un viaje de regreso al lugar de origen de una cinta que, filmada en blanco y negro hace un poco más de treinta años atrás, cambió la vida de muchos. ¿Cuándo fue la primera vez que viste La ley de la calle? Pregunta el documental. Todos saben cuándo, en qué formato y con quién estaban. ¿Qué impresión te dio? “Me dejó pasmado”, “hablamos durante horas”, “no me podía levantar de la butaca”, “salí tambaleando”. De eso se tratan las pasiones: te transforman, te hacen ser quien eres.

Locaciones da en el clavo, las películas pertenecen a los espectadores. Ese es su territorio. Fuguet vuelve a Tulsa no para comprobar el estado del lugar, sino para enfrentarse a los fantasmas y a las sensaciones de sus recuerdos. El juego es peligroso, uno cambia y las películas también. Pero una película es ese espacio compartido que reúne a quienes han sido transformados por ellas. Volver a hablar de ellas, es traerlas de vuelta.

Fuguet entrevista a cinéfilos, críticos, directores, pero no los muestra en pantalla. Solo escuchamos la voz en off y el relato apasionado de ese primer encuentro con la película. Muestra Tulsa hoy, pero en blanco y negro, sabiendo que no es la misma ciudad por donde los personajes caminaron y muestra también escenas de la cinta, volvemos a sentir lo que significa ser joven y buscarse a sí mismo. Estas tres formas de mostrar no son casualidad, son parte de la búsqueda, son los ecos de La ley de la calle hoy.

En un artículo de la revista Qué Pasa, a propósito de Locaciones, Fuguet escribía: ¿Por qué las películas ya no son como las que uno vio en la universidad? ¿Serán, en efecto, inferiores? ¿O será que uno ya no las necesita tanto? La ley de la calle es de esas películas que vale la pena ver de jóvenes, ojalá cuando aún podemos ser transformados, cuando la rebeldía no es una moda si no un estado de ánimo. No es que pierda su encanto luego, pero se entiende mejor a Rusty James cuando se tiene la edad de Rusty James.

Fuguet afirma “La ley de la calle no me hizo escribir, La ley de la calle me dio una voz”. Y esa voz está presente. Puede que a uno no le guste la trayectoria de Fuguet, pero lo reconoce en la película: vemos al escritor y al cinéfilo; y si bien en lo formal es un documental, hay algo más intenso que eso, es un manifiesto de lo que el cine puede hacer. Una película no va a curar el hambre ni acabar con la desigualdad, pero es la prueba irrefutable de que pueden salvar vidas o, por lo menos, las transforman.

Disponible en:

http://www.cinepata.com/peliculas/locaciones-buscandorusty-james/